Chile: ¿estallido urdido en el foro de Sao Paulo?

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Ricardo Andreé
Escritor. Experto en I Ching. Director de portal www.elgranfundamento.org

Cuando se denuncia  y exponen los lazos y alianzas extra fronteras para con ello acusar que  el estallido social y la crisis que hoy vive Chile es efecto de una causa maquinada entre penumbras desde el foro de Sao Paulo, simplemente se está desconociendo y negando la verdad de los hechos.

Insistente circula una teoría conspirativa, que podría contar con algún asidero; a saber: que agrupaciones políticas se habrían concertado en ‘el foro de Sao Paulo’ con el propósito de hacer tambalear y provocar la caída de gobiernos democráticos, para desde la desestabilización  producir cambios favorables a regímenes cercanos o hermanos de Venezuela y aliados.

Contubernios internacionales existen, los ha habido, son reales. Sin embargo, cualquier plan urdido entre humos revolucionarios o  campaña manejada desde teclados secretos para aniquilar gobiernos de izquierda, -en ambos casos-, requiere una  condición determinante: que una mayoría activa de la población tenga motivos y causas  que conduzcan a la movilización social y a la oposición activa. Ningún plan foráneo – incluso con apoyo interno-  tendrá suceso si no existe un caldo político en ebullición, si no hay razones internas suficientes, y si no se produce cansancio con voluntad de cambio en amplios estratos de una nación.

Que las fuerzas políticas nacionales obtengan ayuda de socios políticos en el mundo, o que gobiernos de igual signo se ayuden en momentos de crisis, es parte del juego político desde siempre, y eso no debiera alarmarnos ni llamarnos a histéricas sospechas sobre alienígenas y extraños fenómenos fuera de la realidad.

Cuando se denuncia y exponen los lazos y alianzas extra fronteras para con ello acusar que  el estallido social y la crisis que hoy vive Chile es efecto de una causa maquinada entre penumbras desde el foro de Sao Paulo, simplemente se está desconociendo y negando la verdad de los hechos.

Chile vive una crisis de crecimiento: no un proceso de decrecimiento.

La mayoría agotada de los abusos ampliamente difundidos y comprobados, no pretende regresar a las cavernas ni tiene en mente emular a Venezuela. Aseverar algo semejante- agitando el añoso fantasma del comunismo-  es no conocer al pueblo chileno. Sin más: la propuesta de una nueva Constitución no tiene escondida en su manga un as de espada y entre sus pliegues un fusil.

¿Que en el foro de Sao Paulo acordaron poner sus fichas en la desestabilización, y pudieran  agitar vientos ‘bolivarianos’ o similar?: puede ser, no sería extraño, de ese modo ha funcionado la política en América Latina desde la independencia…no acaso el destino emancipador de Chile se decidió en Argentina, y el de Perú en Chile.

El punto es otro: ¿hay una crisis en Chile? Sí. Hubo y existe un sistema abusador que agotó su ‘potencial de bienestar’ y ha quedado desnudo en su osamenta y estructura más recalcitrante, desigual e injusta. Negar la realidad social, política, económica, educativa y cultural de Chile para reemplazar la delicada verdad por complots ajenos que quieren botar  gobiernos soplando la casita de cartón… es un modo de justificar violencia de Estado, represión desmedida y resoluciones draconianas que impidan una salida democrática de mayor altura.

La violencia anárquica, los saqueos del lumpen, la acción de bandas delincuenciales, las acciones pagadas por el narcotráfico no pretenden tumbar al gobierno: esta lacra es el enemigo interno que infiltrado en la justa protesta ofrece la coartada precisa sobre la cual se entreteje la peligrosa maraña de la violencia de Estado.

El vandalismo y los incendios, los destrozos y las agresiones pudieran terminar en 48 horas: interviniendo – la policía- con precisión y rapidez; aislando a los violentos y provocadores (tanto de parte de los manifestantes como por la acción precisa de fuerzas adiestradas para este tipo de procedimiento), identificándoles, previniendo y analizando con medidas científicas de Inteligencia, adelantándose a los posibles y eventuales blancos de ataques. Es decir: si el gobierno tuviere la DECISION POLITICA de acabar con la violencia y el vandalismo: lo habría hecho ya… Una operación dirigida a aislar y apresar a los autores de la intimidación ataca directo al centro del problema sin tardanzas, sin atrasos, sin titubeos; y evita cualquier involucración de inocentes, y garantiza los derechos de quienes legítimamente protestan, y se salvaguardan los Derechos Humanos.

¿Por qué el gobierno no procede en forma eficiente, y ha asumido  el rol de observador y relator de la violencia? ¿Cuál es la intención política que se pudre entre bambalinas: esa que justifica abusos, golpes, violaciones y atrocidades delincuenciales perpetrada por uniformados?

Si el plan fuese ‘cansar’ al movimiento de protesta, y permitir la acción de pillaje llegando siempre atrasados y nunca antes, ni al momento… ese eventual cálculo denunciaría  miseria humana, y solo puede concebirse en una mentalidad profundamente antidemocrática  de corte facistoide, y de seguro no tendría el efecto que se pretende… sería una hipótesis  macabra que ojalá nunca llegue a comprobarse. 

La gente que protesta y se manifiesta DEBE aislar, expulsar de sus manifestaciones, y si acaso impedir a los violentistas y saqueadores que se tomen la justa causa que no debe caer de su legitimidad.

En Chile no queremos nunca más una dictadura, de ningún color, bajo ningún pretexto. En Chile ya no queremos nunca más violaciones a los Derechos Humanos. En Chile ya no queremos gobiernos impuestos por la fuerza, o gobiernos sostenidos en la injusticia y el abuso. Y el destino del presidente Piñera, como de todo cargo político en este país: depende de la gente, de la voluntad del pueblo, de la mayoría expresada en urnas, plebiscitos, elecciones limpias y transparentes.

Chile urge por una nueva Constitución no para botar al gobierno o imponer algún régimen extraño o apoteósico: justamente será un pacto social democrático y libre, moderno y con mirada al futuro, aquello que conducirá a la solución de esta crisis… con más democracia y mayor bienestar.

Así queremos cambiar la realidad en Chile: sin violencia (y para eso la gente debe aislar a los furiosos acráticos y al lumpen) Y sin violencia y represión discriminada  por parte del Estado. Y este pueblo valiente no necesita acuerdos de foro alguno para producir los cambios que requiere para asentar su libertad y democracia con igualdad, justicia y paz.  Argumentar que todo no es más que un acto subversivo internacional acordado en un foro: es menospreciar la causa del pueblo de Chile, y tratarnos como peleles sin capacidad de discernir nuestra realidad y de luchar por nuestro porvenir.

Foto Portada:

Fuente / https://forodesaopaulo.org/

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