Ecodemocracia: Un Salto Urgente

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Ricardo Andreé
Escritor. Experto en I Ching. Director de portal www.elgranfundamento.org

Saltar hacia una ECODEMOCRACIA significa ordenar bajo la casa planetaria un sistema de libertad y participación cuyas bases inamovibles estén bien arraigadas a (en) la naturaleza de nuestra existencia, como parte armoniosa de un todo orgánico. Es decir: modos de producción que garanticen el bienestar de la gente y respeten el medio ambiente; esto significa una renuncia necesaria a la ganancia desmedida y la riqueza a cualquier costo. En otras palabras: una revolución de aquello que hoy entendemos como… ‘el mercado’.

ECO: del vocablo griego oikos, que significa ‘casa’, ‘hogar’. Aspecto que se reúne y desarrolla bajo un mismo sistema u orden. DEMOCRACIA: del griego dêmos ‘pueblo’ y krateîn ‘gobernar’: gobierno del pueblo.

Quizá tampoco baste que se queme parte vital de la amazonía, como no ha sido suficiente la alarmante advertencia de la ciencia sobre los diversos peligros que ya no son una posibilidad futura sino una verdad tangible que podemos verificar y vivenciar. Nada cambiará sin que nosotros cambiemos.

No habrá solución que sane, desde la raíz y causa, el complejo mal que desmiembra la fibra más esencial de nuestro planeta si el Hombre no acepta la decadencia y agotamiento del sistema de vida que nació con la ya lejana ‘revolución industrial’ (1840), y cuyos efectos políticos y económicos, además de culturales, se esparcieron con  fuerza y contradicción por lo ancho del siglo 20.

Dos guerras mundiales abrieron la brecha de una naciente tecnología y ciencia (1945) cuya cuna fue la necesidad de vencer al enemigo e imponer un orden político que asegurara el buen desarrollo del capitalismo moderno, por un lado, y del socialismo real, por su parte. En efecto, el salto a la energía atómica proviene de factores de guerra, no de paz. Así como la denodada lucha por el control del petróleo se rehace a los albores del siglo pasado.

Entrando al siglo 21 constatamos que una población de siete mil quinientos millones de personas no puede sobrevivir en base al obsoleto sistema imperante. Ni el capitalismo salvaje de China, ni los modernos sistemas económicos y de producción europeos, ni el publicitado sueño americano, pueden responder a la realidad que nos golpea con su secuela de sequía, tormentas, inundaciones, incendios y envenenamiento … hechos que no se logran entender o no son aceptados por aún demasiadas personas.

La política, tal como la conocemos, es seguramente la plataforma más corroída de esta crisis. Porque debiera ser la política aquella vertiente de la inteligencia humana que pudiera entregar respuestas a la urgencia que nos acosa:  sin embargo, así como los capitalistas siguen amarrados a sus anquilosadas maneras de fomentar su plusvalía y explotar al máximo todo aquello que produzca riqueza y privilegio; así también se opone- a este obtuso egoísmo de casta – un modelo o propuesta ‘revolucionaria’ cuyas cepas siguen siendo avinagradamente anárquicas o de un socialismo trasnochado con abundantes pruebas de su incoherencia. Y en medio: los modos archi conocidos de hacer y entender la política que propone viejos recovecos pintados de novedad o trajes nuevos para encubrir viejas libreas.

De vuelta al foso: es la vía descendente que nos invita a transitar por la oscuridad del populismo fácil y falaz. La inercia que nos empuja a otros años de dictadura, – distintas en su careta, pero iguales en su producto final, – parece arrastrar a una masa irreflexiva que  ignora la información real y fomenta la post-verdad, y aborrece los datos duros y nada quiere saber de la historia…la propia historia de todos nosotros. Así las cosas, pareciera ser  la democracia la ‘única culpable’ de la incertidumbre que pulula en el ambiente. ¡insólito!

Hoy no debemos concebir una  política justa si ésta no contiene las bases y propuestas para cambiar todo lo que sea necesario con el propósito superior de salvar al planeta y poner freno a la hecatombe que se nos viene encima. No hay Democracia real sin una osada profundización de la democracia misma. Y la superación no va en el sentido del retroceso, sino del progreso; y el progreso no puede ser solamente económico según el paradigma actual: es fundamental cambiar la matriz del sistema económico. Y no puede postularse a un avance político sin antes botar definitivamente la concepción arcaica de la política que prevalece con porfía  e insensibilidad.

Saltar hacia una ECODEMOCRACIA significa ordenar bajo la casa planetaria un sistema de libertad y participación cuyas bases inamovibles estén bien arraigadas a (en) la naturaleza de nuestra existencia, como parte armoniosa de un todo orgánico. Es decir: modos de producción que garanticen el bienestar de la gente y respeten el medio ambiente; esto significa una renuncia necesaria a la ganancia desmedida y la riqueza a cualquier costo. En otras palabras: una revolución de aquello que hoy entendemos como… ‘el mercado’.

De nada sirven planes para eliminar la contaminación social y la degradación de los equilibrios de convivencia: la delincuencia es un virus intrínseco que nace con la desigualdad. Y la corrupción es un efecto brutal de la lógica mercantil. Por lo mismo, es descarada demagogia levantar banderas en contra de la corrupción y prometer terminar con la delincuencia manteniendo intactos los cánones culturales y de juicio que nacen de un antiguo y agotado sistema de pensamiento …que debemos revolucionar si no queremos sucumbir.

Comencemos por deshacer la falsa barrera entre ‘derechas’ e ‘izquierda’. Acordemos enterrar, antes y ahora, todo modelo de capitalismo salvaje  sin base ni sensibilidad social- y menos sin amor por la casa propia (el planeta)-, y dejemos bien sepultado al decepcionante socialismo del siglo pasado; saquemos lecciones de las nefastas guerras (que no cesan)  que nos grita con voz de estruendo que aún pisamos este planeta cuan cainitas buscando hermanos para dar muerte; y pensemos la paz no como un espacio entre guerras sino como una constante de vida. Y fomentemos un sistema político en donde la libertad no sea solamente una serie de derechos establecidos sino una forma de pensar y de relacionarnos que derive en la más amplia unidad humana según  la natural diversidad que nos caracteriza.

Midamos a la política y a los políticos, según su propuesta y coherencia que demuestre voluntad para avanzar hacia una Ecodemocracia cuyos lineamientos sean ordenar nuestra existencia en relación directa y congruente con la naturaleza de nuestro planeta.

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