Enfermera escolar: el derecho que todo niño y niña merece

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Gloria Díaz Montiel, Directora Ejecutiva de FENASENF.

Los y las estudiantes tienen el derecho de contar con la posibilidad de ser cuidados y atendidos por una enfermera, capaz de otorgarles el bienestar y cuidados específicos que necesitan no sólo en la sala de clases. El derecho a la educación no debe hipotecar nunca el derecho a la vida y salud de los niños. Cuando esto se cumpla, podremos decir sin miedo a equivocarnos que los niños sí están primero.

La posibilidad de volver a clases ha comenzado a surgir nuevamente, en medio de cifras que tibiamente revelarían una mejora en el control de la pandemia por Covid19 en la Región Metropolitana. Una opción que a todas luces es extremadamente peligrosa y no recomendable, ni en estos momentos ni en el mediano plazo (*). Sin embargo, este escenario nos obliga a reflexionar sobre un retorno a clases presenciales, que debe contar con todos los resguardos para proteger a nuestros niños y niñas, con la presencia de una enfermera o enfermero escolar en cada recinto educacional, tal como lo ha recomendado la Organización Mundial de la Salud.

La enfermera escolar es el vínculo intersectorial que une al sistema de salud con el sistema educativo, para propiciar un ambiente de resguardo integral para niñas, niños y adolescentes, no sólo en pandemia o en estados de emergencia. Su presencia debería ser un activo permanente en todos los colegios públicos y privados, ya que es ella quien tiene todas las competencias y conocimientos para ocuparse del bienestar físico, psíquico y social de alumnos y alumnas.

Ejemplos de lo anterior, son su capacidad para asistir en situaciones de emergencia; de hacer seguimiento a quienes sufren alguna patología crónica; o de realizar actividades de promoción de estilos de vida saludable para toda la comunidad educacional. Incluso se le podría asignar horas pedagógicas para asignaturas tales como: “Educación Sanitaria”, “Hábitos de Higiene”, “Primeros Auxilios”, “Prevención de Accidentes”, “Salud Sexual y Reproductiva”; entre otras materias que permitan acercar la salud desde edades tempranas. De paso, ayudaría a la población, a tener una mayor conciencia del autocuidado.

Los primeros registros de una enfermera escolar en el mundo se remontan a 1902, cuando Lina Rogers fue contratada para reducir el ausentismo escolar de 10.000 niños de escuelas de Nueva York, Estados Unidos. Mediante su trabajo, enseñó a los y las estudiantes y sus familias, sobre higiene y prevención de enfermedades. A los 30 días el ausentismo bajó cuantiosamente y este rol comenzó a expandirse hacia otros colegios de la ciudad. En Europa, y principalmente en Reino Unido y Francia, las enfermeras fueron grandes precursoras de esta actividad, pero los registros históricos de su existencia se conocieron recién en 1907.

Lamentablemente las enfermeras escolares están en un número muy reducido de colegios, ya que su presencia está supeditada a los recursos económicos de cada institución. Sin embargo, hoy más que nunca, es necesario que se empiece a considerar este rol de forma permanente.

Los y las estudiantes tienen el derecho de contar con la posibilidad de ser cuidados y atendidos por una enfermera, capaz de otorgarles el bienestar y cuidados específicos que necesitan no sólo en la sala de clases. El derecho a la educación no debe hipotecar nunca el derecho a la vida y salud de los niños. Cuando esto se cumpla, podremos decir sin miedo a equivocarnos que los niños sí están primero.

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