La urgencia de un sistema de salud con una lógica sanitaria única, solidaria y universal

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José Luis Espinoza Díaz
Presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Enfermeras y Enfermeros de Chile (FENASENF).

Esta pandemia se ha manifestado en medio de un sistema de salud totalmente segmentado entre lo público y privado, lo que ha generado una auténtica “división de responsabilidades” entre la misma red de salud. ¿Por qué? Porque el campo de acción está delimitado por un modelo de salud “reformado”, pero que sigue poniendo la mayor parte de sus esfuerzos en el abordaje biomédico, asistencialista, centralizado en lo curativo (la enfermedad); con intervenciones insuficientes en lo relacionado a la prevención y promoción de la salud. Sin duda, una suma de ingredientes que nos han llevado a presenciar la “crónica de una muerte anunciada”, en la que quedan al desnudo las desigualdades e inequidades en lo que respecta al derecho a la salud.

La crisis sanitaria por COVID-19 vino a evidenciar la histórica crisis del sector salud, que los trabajadores hemos denunciado muchas veces, y que atiende a una serie de factores. Entre ellos se cuentan: la falta de financiamiento, el lucro en la salud, las brechas laborales; la construcción de establecimientos bajo modelo de concesiones, la precarización de las contrataciones, la externalización de los servicios, entre un largo etcétera. Todos elementos, que han contribuido a instalar una lógica de mercado por sobre la vida y el derecho a una salud digna.

Paralelamente, el debilitamiento de la seguridad social y del sistema de salud en su totalidad, una reforma de salud que finalmente resultó ser sólo una declaración de buenas intenciones, y el dirigir los esfuerzos y recursos en resolver las patologías; se han traducido en un alto nivel de enfermedades crónicas -incluyendo a las de salud mental-, que han causado un devastador impacto en la calidad de vida de las personas.

Esta pandemia, además, se ha manifestado en medio de una dinámica social atomizada, enmarcada en un sistema económico neoliberal en que prima el individualismo por sobre el bien colectivo. En medio de un sistema de salud totalmente segmentado entre el público y privado, lo que ha generado una auténtica “división de responsabilidades” entre la misma red de salud pública y privada. ¿Por qué? Porque el campo de acción está delimitado por un modelo de salud “reformado”, pero que sigue poniendo la mayor parte de sus esfuerzos en el abordaje biomédico, asistencialista, centralizado en lo curativo (la enfermedad); con intervenciones insuficientes en lo relacionado a la prevención y promoción de la salud. Sin duda, una suma de ingredientes que nos han llevado a presenciar la “crónica de una muerte anunciada”, en la que quedan al desnudo las desigualdades e inequidades en lo que respecta al derecho a la salud.

Como enfermeras y enfermeros, tenemos la convicción que para lograr cambiar el rumbo de esta historia, todo el sistema público sanitario debe fortalecerse, migrando el foco de atención hacia el territorio mediante diversas acciones concretas. Entre ellas el acercamiento a la comunidad es fundamental; motivando su participación y empoderamiento, generando vínculos e impulsándola a tomar decisiones sobre su propia salud. Necesitamos un nuevo sistema de salud urgente, con una lógica sanitaria única, solidaria y universal, con prioridad en el beneficio de las personas; pero sin perder de objetivo a las familias y comunidades en que éstas se encuentran insertas, considerando siempre las determinantes sociales de su salud.

Para cumplir con lo anterior, debemos posicionar a la atención primaria de salud (APS) como una de las protagonistas de la pandemia, junto a las Secretarías Regionales Ministeriales de Salud. Su rol debe ser incorporado en las decisiones políticas y técnicas; y en intervenciones concretas, como el seguimiento de las personas en cuarentena, los aislamientos efectivos de los casos. También se debe incluir su aporte en la educación a personas y familias, miembros de las comunidades asignadas; en la  canalización de apoyo de recursos básicos; y la mantención de los tratamientos y cuidados para la salud de usuarios crónicos y descompensados; entre un sinfín de actividades con énfasis en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad.

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