¿Nada más que algoritmos?

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Ricardo Andreé
Escritor. Experto en I Ching. Director de portal www.elgranfundamento.org

El uso de los datos personales, de nuestras huellas y semblanzas, y ahora la lectura de nuestros datos neuronales, y el hecho de estar encerrados en vestigios humanos influenciables de algún tipo, NO están tipificados por lo que es realmente: una flagrante y tremenda violación a los derechos más elementales e íntimos de las personas.

Alexander Nix, director de la consultora Cambridge Analytica reconoce haber  filtrado datos privados de 87 millones de usuarios, y se jacta de haber difundido y viralizado material para perjudicar a Hillary Clinton, rival de Donald Trump. El mismo sistema habría actuado en el referéndum por el Brexit, en Inglaterra. Sin embargo, este hecho demostrado representa la cima de una isla oculta tras la fachada de entramados cibernéticos, como Silicon Valley, cuyos padres reconocidos son megas empresas como Google y Facebook, no siendo las únicas.

Si las redes sociales y plataformas informáticas suelen ser gratis o a costos menores en comparación al servicio que prestan ¿dónde está la ganancia sideral de las gigantes de internet? En los Datos. Es decir: la mercadería somos los seres humanos, millones y millones, que ofrecemos nuestras reseñas bajo contratos que nunca leemos y botones de ‘me gusta, ‘mi ubicación’ y los perfiles que vamos entregando casi por inercia. Pero, además, las huellas digitales puestas en nuestros teléfonos para cualquier tramite va a un fondo de datos altamente riesgoso, así como la imagen de nuestro rostro, los cuales están siendo catalogados, diversificados y seleccionados según lo requiera la empresa que solicite perfiles y fichas: he ahí la gran plusvalía.

Ha quedado establecido, en Inglaterra y en los EEUU, que la democracia está siendo seriamente vulnerada con la mañosa intervención de servicios como el denunciado ‘Cambridge Analytica’: la cual tomó los perfiles de miles de personas por distritos electorales y midió sensibilidades, tendencias y debilidades a usar en las campañas (elección Trump y Brexit) dirigidas a determinar el voto hacia una postura definida y adiestrada. Alexander Nix le llamó ‘personas influenciables’, y los niveles de influjo crearon patrones y en base a éstos se dirigió el discurso y la propaganda.

Queda entonces establecido que la ‘fake new’ no son una moda de unos pocos afiebrados y locos conspirativos, sino que una manera bien planificada de influenciar según datos precisos y tutelados para determinar comportamientos y modos de elegir.

Antes que tomemos conciencia del uso y abuso del cual somos víctimas ‘inocentes’ y descuidadas, quizás demasiado cándidos o ‘ignorantes’, – en condiciones que la tecnología avanza rauda, –  y cuando aprendamos a defendernos de estas maniobras tiránicas… ya habremos caído en otra red que hoy está en cierne: los Neuro Datos.

Hoy ya es posible copiar, captar y usar los datos neurológicos y mentales de una persona: algo sumamente útil en caso de personas en estado vegetativo o con disfunciones que no permiten comunicación, incluso en el estudio de enfermedades como el alzhéimer. Sin embargo, al no existir leyes ni protocolos éticos, tales avances podrían ser utilizados para, por ejemplo, transferir información a un cerebro que se pretender manejar, potenciar o cambiar. O bien ‘leer’ los datos más recónditos de un ser humano.

Esto nos lleva a dos aspectos evidentemente rezagados: el político y el de los Derechos.

La declaración universal de los Derechos Humanos fue un gran avance, pero se remite al año 1948 y está fuertemente imbuida de la dura experiencia de  dos guerras mundiales, y de fenómenos políticos como el nazi fascismo y el comunismo. En Derecho se aplica la normativa legal de defensa de los DDHH solamente en la relación del Estado y la ciudadanía, protegiendo a la persona ante los posibles abusos y violaciones ejercidas por aparatos del Estado. Tales derechos son ‘universales’ porque son aplicables independiente del tipo de régimen o circunstancia política: es decir que un gobierno que reprime en forma desmedida y mal usa su rol causando daño y quiebre a los derechos de la víctima…sin importar color político o ideológico… es una violación al Derecho. Una tortura es una tortura sin importar qué gobierno la practique.

Sin embargo, el uso de los datos personales, de nuestras huellas y semblanzas, y ahora la lectura de nuestros datos neuronales, y el hecho de estar encerrados en vestigios humanos influenciables de algún tipo, NO están tipificados  por lo que es realmente: una flagrante y tremenda violación a los derechos más elementales e íntimos de las personas.

El tema es político porque una Constitución hoy debiera resguardar y garantizar Derechos mirando a la realidad de este siglo, y estableciendo una base ética y filosófica que garantice por sobre todo al Ser Humano y a la Persona por encima de cualquier salto tecnológico y científico.

Por último, hablamos hoy del peligroso ‘calentamiento global’, pero según informes científicos entregados a la ONU, el mayor mal planetario es la basura, el envenenamiento, la intoxicación y la grave amenaza de quedarnos sin agua dulce. Y a este elenco de bazofia que nos inunda (incluyendo la corrupción) debemos agregar la contaminación cibernética: un agujero negro que nos está tragando mientras andamos como encantados en el pleno cosmos onírico de nuestros celulares y ordenadores.

Quizás el primer paso hacia el cambio que evite nuestra derrota cuan humanos inteligentes sea asumirnos como Personas con Derechos y comenzar a tomar el control de nuestros datos. Eso, para empezar. Luego habría que acordar una Constitución moderna que nos ubique en el siglo por el cual transitamos.

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