No podemos seguir sosteniendo una maternidad a medias

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Magaly Miranda Ávila
Encargada de Asuntos Laborales FENASENF

Como ciudadanía tenemos la posibilidad de sentar nuevos cimientos para una sociedad justa y equitativa, con protección real a la maternidad, la cual debiera quedar establecida en un “Código de La Familia”. Una iniciativa que debe estar amparada y financiada por el Estado, modificando lo que actualmente establece el Código del Trabajo como un “derecho laboral”, omitiendo a aquellas madres que no tienen un empleo remunerado, a sus hijas e hijos.

Con 110 votos a favor, 24 en contra y 15 abstenciones, hoy, la Cámara de Diputados, ratificó la admisibilidad del postnatal de emergencia, luego de que la Comisión Mixta diera luz verde a la tramitación del proyecto, tras haber sido frenado en el Senado el pasado 17 de junio.

El Gobierno de Chile tiene la gran oportunidad de legislar en favor de los niños recién nacidos y de aquellos que vendrán, sin hipotecar la economía ni la calidad de vida de las madres, tal como pretende el Ejecutivo, echando mano al seguro de cesantía de las trabajadoras.

La protección de los niños debe ser universal, con enfoque multidimensional, donde esté garantizado su cuidado durante los primeros años de vida. Los meses que establece la actual ley son insuficientes. Las madres trabajadoras abandonamos a nuestros hijas e hijos y también a nosotras mismas, al tener que cumplir responsabilidades laborales que compiten con las fundamentales: el cuidado y protección de la vida.

Que no se malentienda. Valoro el desarrollo de la mujer profesional, pero para ello, este sistema perverso nos obliga a elegir entre un camino u otro: postergar nuestro derecho vital a ser madres o asumir una maternidad a medias, donde el trabajo es el centro de todo. Y no hablo sólo del trabajo remunerado, sino de todas las labores propias que recaen en las mujeres como dueñas de casa. Somos nosotras las que siempre, y aún más en esta crisis sanitaria, duplicamos nuestros roles para hacer frente a toda la carga doméstica que históricamente se nos ha atribuido como “natural”.

Como ciudadanía tenemos la posibilidad de sentar nuevos cimientos para una sociedad justa y equitativa, con protección real a la maternidad, la cual debiera quedar establecida en un “Código de La Familia”. Una iniciativa que debe estar amparada y financiada por el Estado, modificando lo que actualmente establece el Código del Trabajo como un “derecho laboral”, omitiendo a aquellas madres que no tienen un empleo remunerado, a sus hijas e hijos.

Sin duda la pandemia dejará un aprendizaje. Y espero que parte de éste sea que logremos impulsar políticas de Estado que puedan garantizar efectivamente el cuidado de los niños. Esa será la mayor y mejor inversión que el Gobierno podría hacer.

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