La revolución de la vida

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Ricardo Andreé
Escritor. Experto en I Ching. Director de portal www.elgranfundamento.org

Es urgente asumir que la salida a esta crisis que roda cuesta abajo pasa por un cambio de paradigma en nuestra concepción de la Democracia. Porque lo fácil y peor nos monta en la inercia del populismo, de golpes tiránicos y dictaduras mesiánicas, o revoluciones al viejo estilo. El esfuerzo, porque sí exige arrojo, es trasladar la Democracia a su centro fundamental: el pueblo, la gente, la comunidad.

Lo veo con mis ojos: Putaendo se muere. Pero no de ahora, no de hace poco tiempo. Son años de conflicto con los planes mineros que amenazan deteriorar los frágiles equilibrios ecológicos  de la zona, y bien conocido por sus habitantes es el usufructúo del agua en poder de conglomerados archi identificados en el Chile del mercado. Y ahora, entrando en la peor sequía de los últimos 70 años, simplemente la muerte de ganado, la sequedad de los frutales y la sombra de la pobreza pampea sin que la autoridad del Estado acuda en ayuda de sus habitantes; y aquella verborrea política que anuncia planes y se granjea galvanos en el exterior… en tierras baldías y agonizantes son como un eco burlón que ahonda la herida cotidiana de la gente trabajadora.

Sin una revolución en la persona que bote y derroque los anquilosados y muy dañinos paradigmas será muy difícil salir de este trance: el perverso paradigma que endiosa al mercado cuan panacea y lógica de pensamiento y modo de plantear ‘soluciones’; y con aquello, la egoísta idea que mide hechos según ganancia y oportunidad de negocio y ve en cada crisis la oportunidad del lucro; el fatal paradigma del individualismo que ha matado el sentido de comunidad y la acción de solidaridad; el paradigma impuesto por años de paternalismo engañoso que exige al ‘padre Estado’ toda solución y socorro, y con esta cómoda seudo cultura del asistencialismo se ha mermado la capacidad de la autogestión, de la organización democrática de base y la búsqueda de soluciones desde la realidad en terreno.

Exigir a esta clase política estados de iluminación, reconversiones ecologistas y sensibilidad social elevada a estos tiempos de crisis planetaria, y esperar leyes justas que quiebren las paradojas de los malvados paradigmas sociales y culturales de esta confusa época: es otra floja ilusión sustentada en los mismos esquemas que nos hunden de acuerdo pasan los días. Esperar a que las empresas sanitarias junto a los consorcios mineros terminen de construir su ‘carretera hídrica’ en el 2030 creyendo que con tal obra milagrosa tendremos agua abriendo el grifo… es una inocencia que provoca piadosa ternura. Creer que la misma generación política que por decenios ignoró y negó los avisos y advertencias de crisis inminente será aquella que ahora alzará un faro de revolución salvadora… equivale a la tontera de tropezar y romperse los dientes cien veces en la misma piedra.

Es urgente asumir que la salida a esta crisis que roda cuesta abajo pasa por un cambio de paradigma en nuestra concepción de la Democracia. Porque lo fácil y peor nos monta en la inercia del populismo, de golpes tiránicos y dictaduras mesiánicas, o revoluciones al viejo estilo. El esfuerzo, porque sí exige arrojo, es trasladar la Democracia a su centro fundamental: el pueblo, la gente, la comunidad. Y eso reclama una necesaria revolución en cada uno de nosotros: con ego individualista, con intolerancia, con propensión y mentalidad de litigio y violencia, con escasez de solidaridad, y sin un sentido de Común-Unidad y sin ‘espíritu de cuerpo’… carentes de planes y propósitos que aúnen y amalgamen la forma de organización… NUNCA será posible tomar en manos -de quienes viven y padecen- el poder para salir airosos y en armonía de un tiempo engorroso y complejo.

La EcoDemocracia es la forma de gobierno que se gesta y crece desde el núcleo más esencial de la sociedad: la gente, la comunidad, las personas en su realidad concreta; y postula a cambios sustanciales que deben generarse y crecer en el Hombre de acuerdo con la solución armoniosa con su medio ambiente, con la naturaleza y con un profundo sentido de justicia social.

Romper con la inercia de los criminales paradigmas, y atreverse a cambiar desde Uno Mismo para de ese modo hacer comunidad, -y desde la base de la solidaridad romper con las infaustas dependencias-, y desde ese punto de fuerza exigir cambios políticos… y ser intérpretes de éstos … es la forma de revolucionar esta Era y liberarnos del dominio mercantil que ahoga a nuestra más elemental humanidad. O tomamos el futuro a nuestro cargo según parámetros de solidaridad y comunidad, desde abajo, en la realidad del día a día… o seremos responsables de nuestra propia desgracia.

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