Una oportunidad a la paz

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Ricardo Andreé
Escritor. Experto en I Ching. Director de portal www.elgranfundamento.org

La violencia del vándalo y del lumpen que usa los espacios de crisis social o de protesta masiva para sus miseros propósitos, nunca será argumento válido para justificar la violencia sistemática de un modelo construido según la ley del exagerado beneficio en favor del perverso mercado.

También en Putaendo los humildes campesinos debieron soltar sus animales a los cerros cordilleranos porque la ayuda tan prometida y publicitada por el  gobierno  se redujo a una manga de pasto inservible y burlesca. No son ciudadanos de la metrópolis golpeando ollas pacíficamente, mucho menos activistas desafiando al  impotente ‘toque de queda’. Son hombres y mujeres del campo y las montañas que sufren la prepotencia de las empresas dueñas del agua; y ante el flagelo de la naturaleza son envueltos en la mentira de la propaganda oficial.

Se trata de  la misma violencia silenciosa y persistente que subrepticia carcome y arruina las vidas de  los habitantes en las ‘zonas de sacrificio’: que nunca hallaron respuesta y siguen sumidos en el veneno y la  bazofia de las industrias. Violencia semejante que golpea a la persona dependiente del sistema de salud pública: la cual seguramente morirá o verá desfallecer a su ser amado en una indigna espera que martilla su forzada condición de ciudadano invisible u olvidado. Violencia idéntica a la que padece la persona trabajadora que recibe migajas ofensivas de pensión bajo un sistema que engorda  escamoteado lucro ofensivo. Suma violencia que imponen los Bancos y el sistema financiero que al final se apoderan de las personas y condicionan su modo de sobrevivencia. Violencia de sueldos miserables, y paneles de expertos varios que suben tarifas y costos según fríos cálculos que afectan a personas reales.

La violencia del vándalo y del lumpen que usa los espacios de crisis social o de protesta masiva para sus miseros propósitos, nunca será argumento válido para justificar la violencia sistemática de un modelo construido según la ley del exagerado beneficio en favor del perverso mercado.

La violencia represiva del Estado siempre deberá sostenerse y administrarse sobre condiciones políticas, y nunca solamente sobre bases puramente policiales. Porque es política la decisión de colocar guardias en las estaciones del Metro para evitar que sean asaltados y quemados; y es igualmente una opción política no colocarlos y dejar que bandas indeterminadas apliquen fuego incluso con horas de tiempo a disposición y cámaras de televisión enfocándolos. Tan violento es incendiar un valor de la comunidad: como permitir que este sea incinerado simplemente por ausencia de protección. En ambos casos hay un grado y tipo de violencia…o complicidad en el acto violentista. Y es un asunto político, no policial- y de responsabilidad política, la decisión de proteger o de desguarnecer los espacios públicos en tiempos de crisis y estallido social.

Porque si la gente común debe acudir a la propia defensa ante las hordas de lumpen: es porque el Estado ha hecho abandono de sus deberes y cabe recelar del gobierno  que consiente tales atrocidades con algún fin político que no podría ser sino macabro.  Y si la solución a este ‘dejar hacer’ delictual fuese ‘la mano dura de la solución absolutista’ que restringiese  la democracia e instalase la paz del camposanto: estamos hundiéndonos en las practicas de los siglos anteriores y sus nefastas consecuencias.

Para dar una oportunidad a la paz debemos antes asumir los grados y tipos de violencia que nos sepultan  en la injusticia y la desigualdad. Porque la violencia no es solamente un modo y forma de ejercer la fuerza: es más bien un fondo causal que nace de un modelo de sociedad y un proyecto de economía que da característica al Estado y define el fundamento de los derechos. En otras palabras: la concepción aplicada y concebida según planificación política de la Democracia.

La paz debe ser  una idea de sociedad erigida desde abajo: desde la noción del barrio, al concepto de ciudad, para llegar a la Economía Democrática que impida de verdad el surgimiento monopólico; y una construcción global atendiendo al  principio que resguarda y enriquece  la dignidad y el bienestar de las personas, considerando – siempre- la armonía con los equilibrios del ecosistema y las leyes de la naturaleza. Porque la violencia en contra de nuestra propia casa planetaria guarda en su raíz causal un desprecio inconcebible por la dignidad humana y una exagerada avaricia mercantil.

La inteligencia y capacidad de mirar al futuro nos llama a no extraviarnos en el día y las horas del estallido social buscando  culpables de esa violencia  cavernaria que encubre esa otra violencia mucho más sutil, velada, cínica e hipócrita. Nos probamos en nuestra sabiduría y capacidad de progreso sí sabemos calmar la tormenta del momento – y es prioritario detener la violencia- pero no para regresar al viejo estado de cosas:  sino para, desde la razón y el análisis, desnudar la realidad y enfrentar soluciones y presentar propuestas: sin sectarismo, y carentes de pretensiones particulares  empujadas por la pequeña política.

Y para dar proyección a la paz urgente resulta adquirir y consensuar una Visión futura  sobre la Democracia.

Sin un concepto bien enraizado en la paz  y sin un proyecto pleno de Democracia que rompa los paradigmas y dogmas que nos atan a la vieja concepción de mitad del siglo veinte…con mirada de futuro, y ya dejando de caminar mirando hacia atrás para auto convencernos que aquello que tenemos es todo lo máximo que podemos lograr… no asomaremos jamás a los frescos vientos del siglo veintiuno, cuyo empuje nos debiera conducir a un salto revolucionario en nuestra forma de concebir la libertad y la democracia.

Eso no ocurrirá por inercia del cosmos o consecuencia de lo inexplicable: acontecerá sólo si cada persona comienza a cuestionar la realidad para  dar una oportunidad a la paz, y pensar la democracia desde su realidad, para aplicarla desde su entorno, en su comunidad, en su colectivo.  Es decir: una construcción desde abajo y desde adentro.

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